Jorge Torras

EL CINE Y LA UNIVERSIDAD

A Guillermo Díaz-Plaja

Que en la Universidad española se den hoy clases de cine, ha dejado ¡por fin! de ser noticia insólita. Lo que pasma es saber de los esfuerzos y energías que hubo de emplear para conseguirlo. En primer lugar se tuvo que vencer una tenaz resistencia. La de un nutrido grupo de intelectuales cerriles y despreciativos de la nueva forma de expresión recién parida. José Mª García Escudero —a quien nadie puede negar su autoridad en cuestiones cinematográficas— ha expuesto este problema en sus tratados histórico-críticos del cine español. Entre los ilustres apellidos que cita como ejemplos de tal negativa, indiferencia o rechazo figuran los de Ortega, Menéndez Pidal, Azorín, d’Ors, Baraja, Unamuno… ¿Qué broncos exabruptos —pienso— soltaría hoy el rector salmantino ante la cátedra de cine de Valladolid, ante el aula cinematográfica de la Facultad de Filosofía y Letras de Barcelona, ante tantos cinefórums como se celebran en los paraninfos de nuestros distritos universitarios? ¿Hubiese autorizado don Miguel las Conversaciones Nacionales de Cinematografía de Salamanca?

He buscado en vano en los archivos de prensa cuáles fueron sus palabras (si es que las hubo), el día del año 1932 en que la Universidad de Barcelona abrió de par en par sus puertas al arte de Ricciotto Canudo. A lo mejor don Miguell ese día estaba entretenido confeccionando una exótica pajarita. Lo que sí encontré fueron las del rector Bosch-Gimpera: «Sed bienvenidos». No tengo por qué esconder mis querencias nostálgicas. En plan de absoluta confianza confesaré que mis escapadas hacia el pasado son exigencias terapéuticas para mantener inalterable mi homeostasis psicosomática. El presente me resulta muy incómodo; el futuro demasiado incierto; el ayer, es mi relax. Puede ser que cumpla con la afirmación que hace el personaje resucitado por Carlos Rojas y yo viva, como muchos, con la cabeza vuelta hacia atrás y la mirada fija en un punto.

Este punto no es hoy un cine antiguo. Es, por así decirlo, el primer paso del Séptimo Arte hacia su doctorado Honoris Causa. Patrocinó la investidura Guillermo Díaz-Plaja. En el I Congreso Hispanoamericano de Cinematografía celebrado en Barcelona, Díaz-Plaja presentó una ponencia titulada «El Cine y la Universidad» en la que reclamaba la articulación del cine dentro de las asignaturas universitarias. Díaz-Plaja señaló la trascendencia social del cine, su indiscutible valor documental, su validez como instrumento pedagógico y su suficiente entidad estética para integrarlo en la teoría del arte. De las palabras pasó a los hechos. Y así el día 27 de febrero de 1932 se inauguró el I Cursillo de Cinematografía en la Facultad de Filosofía y Letras de Barcelona, de la que Guillermo Díaz-Plaja era profesor. Un total de 11 conferencias. Precio de la matrícula 10 pesetas. Para los estudiantes 5 pesetas. Se tuvo que cerrar la inscripción días antes del cursillo. Los matriculados excedieron en mucho la capacidad del aula.

He aquí el programa: «Posición del cine en la teoría del Arte» por el profesor doctor Ángel de Apraiz. «La educación y el cine», por el Dr. Jeroni de Moragues. «Música y Cine», por Josep Palau. «La Moda y el Cine», por María Luz Morales. «Literatura y Cine», por Lluís Montanyà. «Pintura y Cine», por Rosend Llates. «Teatro y Cine», por Ángel Valbuena Prat. «Cómo se realiza un film», por Carné-Ribalta y clausura de cursillo con tres conferencias de Díaz-Plaja sobre «La estètica del cinema». Las conferencias estuvieron ilustradas con proyecciones de films, secuencias antológicas y documentales. Apoyo entusiasta y participación directa de la firma Febrer y Blay que relegó a segundo plano sus intereses comerciales en la distribución de películas.

Díaz-Plaja resumió en un decálogo su teoría cinematográfica en 1932. Cuarenta años más tarde, sigue vigente. A mí así me lo parece. Lean, si les place:

«1° — El cine es un arte colectivo y por ello es el signo máximo de nuestro tiempo. 2.” — El cine es un arte antirromántico que revaloriza las superficies y nos da una visión ingenua y renovada del mundo. 3.° — El cine es una móvil plasticidad, expresiva por ella misma o por la valoración emocional de la acción. 4.” — El cine es el primer paso para la sustitución de una cultura oral, intelectual, morbosa y gastada, por una cultura directa de la imagen. 5.” — El cine tiene voluntad de catálogo y de ventana. 6.” — El cine debe ser siempre documental. Exceptuemos la deformación subjetiva de la imagen, los filmes surrealistas y los dibujos animados. 7° — El cine ve al hombre y a las cosas en un mismo plano. El hombre ha hecho de su rastro un valor expresivo. La historia de! cine es un proceso de reducción facial. 8.” — El cine busca las líneas nobles de las cosas. 9.” — Ralentí y aceleración son producto de la movilidad de la cámara. Representan en relación al tiempo lo que el primer plano y el segundo término en el espacio. Y 10° — La sucesión inteligente de los primeros y segundos términos conforman el ritmo. El ritmo es el concepto máximo dentro de la estética del cine».

Después de Barcelona, vino Salamanca en mayo de 1955, el año del 60 aniversario del cine. Salamanca se ciñó a los problemas del cine español. Surgieron asimismo los cine clubs universitarios del SEU durante la década de los 50. En el 63, por Orden ministerial se crea la cátedra de Valladolid. Y en el 70, regresa el cine a la Facultad de Filosofía y Letras de Barcelona, bajo la coordinación de Miquel Porter. «Roda el mon i torna al born». El ariete del movimiento fue, sin discusión, Guillermo Díaz-Plaja.

Jorge Torras, La Vanguardia, 15 de diciembre de 1973

‹ Volver a Impresiones de Escritores