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El crucero universitario de 1933 fue
algo así como la culminación de todos los ideales de mejoramiento
educativo que traía consigo la implantación de la República. Fue una
memorable expedición de maestros y discípulos que recorrió el
Medi-terráneo, y en la que el barco se convirtió en Universidad flotante,
en la que catedráticos de la categoría de Manuel García Morente, Ángel
González Palencia, Enrique Lafuente, Cayetano Mergelina, Luis Pericot,
Julio Martínez Santaolalla, pronunciaban las conferencias preliminares
de cada singladura. Entre la gente joven bastará que te diga que allí
entablé conocimiento con Antonio Tovar, con Luis Díez del Corral, con
Julián Marías, y que nuestro grupo de la Universidad de Barcelona estaba
integrado entre otros por Salvador Espriu, Bartolomé Roselló Porcel y
Jaime Vicens Vives. Nuestra condición de cruceristas ha sido en nosotros
decisiva y existe un orgullo cierto en cuantos tuvimos la fortuna de
participar en él. Crucero verdaderamente inolvidable, que tuvo para mí
un colofón sentimental e íntimo, puesto que allí se iniciaron las
relaciones de noviazgo con la que había de ser mi mujer, entonces
estudiante de Filosofía y Letras.
Conversaciones con Guillermo Díaz-Plaja,
págs. 83 y 84.
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